miércoles, 18 de junio de 2008

¿Vamos a la Policía?

Un sábado en la tarde recibí una llamada desconcertante de un extranjero de nacionalidad dominicana en busca de ayuda. Este, que confesó de entrada que era indocumentado, había sido víctima de agresión y deseaba denunciar el acto a la Policía de Puerto Rico. El extranjero tenía una pregunta sencilla: “¿Me recomienda que presente la querella?”

Puede que les parezca extraño que una persona consulte esto con un abogado, pues, ¿no se supone que la Policía existe para socorrer y atender los reclamos de las víctimas del crimen? Si una persona está indocumentada en el país, este no es el caso. Son muchas las historias de horror que oyen los abogados que se dedican a la práctica de la inmigración, donde la Policía de Puerto Rico detiene e interroga a estas personas sobre si “tienen papeles”; posteriormente entregándolas al Servicio de Inmigración y Aduanas Federal, donde son puestos en procesos de deportación. En muchos de los casos, estos indocumentados son personas inocentes, cuyo único error fue ser una víctima del crimen y reportarlo a la Policía, o estar en el lugar equivocado, en el peor momento.

Esta práctica es totalmente ilegal e inconstitucional, pues los cuerpos policiacos estatales no tienen la autoridad basada en la Ley de Inmigración y Ciudadanía para verificar el estatus migratorio de una persona. Este poder está reservado para las agencias federales apropiadas y debidamente adiestradas para ello. Además con esto se socava la confianza de estas comunidades en la Policía, lo cual obstaculiza la labor ministerial de este cuerpo en investigar y prevenir la comisión de delitos. Ya es hora de ponerle a un alto a esta práctica tan siniestra y contraproducente.

Recuerdo haberle dicho: “No le recomiendo que vaya al cuartel, pero si va, lleve a un abogado”.

martes, 10 de junio de 2008

¿Quejas de su abogado de inmigración?

Es un hecho: muchas comunidades de inmigrantes desconfían de los abogados de inmigración.

Sobran las historias de horror de lo caro que cobra cierto abogado X, de las "trastadas" que ha hecho el abogado Y, o de lo desinteresado que es el abogado Z con respecto al caso de un miembro de cierta comunidad de inmigrantes. En gran parte, es culpa de los mismos abogados de que exista esta desconfianza, y principalmente por la ausencia de algo sumamente básico en esta línea de trabajo: una comunicación clara y cierto grado de solidaridad o empatía.

Las leyes de inmigración son un laberinto donde, a duras penas, los practicantes hacemos lo imposible para saber donde estamos parados. Si las leyes son confusas para el abogado, imagínense como debe ser para la persona que no lo es. El inmigrante recurre al abogado, mas que para resolver su problema, para saber donde está parado. Aunque el inmigrante no tenga derecho en ley a remedio alguno, va a poder descansar con mayor facilidad al tener dicho conocimiento. Hablarle claro al cliente es una de las cosas mas importantes.

El segundo problema de comunicación tiene que ver con el dinero. A modo de ejemplo, muchos inmigrantes sospechan, con justa razón, que sucede algo extraño cuando el abogado de inmigración le pide cuantiosas sumas de dinero "para pagarle al gobierno". Varios se espantan, y piensan que el abogado quiere sacarles dinero; pero hay abogados que, por alguna razón estúpida, asumen que la persona conoce como "se le paga al Servicio de Inmigración". No toma mucho trabajo explicarle a la persona que, aunque el cliente puede pagarle al abogado en plazos, los reglamentos federales exigen que los pagos al Servicio se hagan en su totalidad al momento de radicar las solicitudes para recibir un beneficio migratorio. Esta explicación puede ahorrarle a ambas partes malentendidos y malos ratos, y promueve la transparencia entre abogado y cliente.

El tercer problema surge cuando el abogado pierde toda sensación de empatía o solidaridad con el inmigrante. Muchos abogados, ya sea por el pasar del tiempo, o por cualquiera otra razón, se distancian del tema y pierden interés en el bienestar de su cliente. A pesar de que es necesario guardar cierta distancia profesional, es primordial mostrar al menos un grano de simpatía con el inmigrante y su lucha por permanecer en el país. Un poco de solidaridad en este aspecto puede mejorar exponencialmente la comunicación con el cliente, y por ende se retiene a un cliente que se siente contento con su abogado.

Además, la balanza está puesta a favor del gobierno en esta rama del derecho. Para luchar efectivamente por el caso de un cliente en este ambiente, se necesita de mucho valor, y la simpatía con el representado es una fuente casi infinita de este valor. Aunque al final del día se pierda el caso y el cliente no reciba el beneficio que solicita, al menos ambos quedarán claros y satisfechos de que se hizo el máximo ya que el abogado defendió a su cliente como se hubiera defendido a si mismo.

www.inmigracionpuertorico.com